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Libertadores

Guillermo Almada dio datos para la reflexión del fútbol uruguayo

Barcelona, próximo rival de Defensor Sporting, tiene sponsors por US$ 20.000.000 al año; Nacional y Peñarol, 1.000.000; y los violetas no llegan a 100.000.

Barcelona de Guayaquil será el rival que tendrá Defensor Sporting en las próximas dos semanas por la segunda fase de la Copa Libertadores, pero no sólo por eso constituye un punto de referencia para el fútbol uruguayo, en cuyo contexto se incluye -obvio- a los dos clubes grandes.

La relación tiene que ver, en gran parte, con el entrenador del equipo ecuatoriano, quien no en balde ha sido en los últimos años, y sobre todo después de visto su trabajo en Barcelona, foco del interés oficial de Peñarol y Nacional por contratarlo en varias oportunidades.

Es que, cuando Guillermo Almada llegó al club de Guayaquil en junio de 2015, “era un gigante dormido”, como comentó hace pocos días el técnico a “La Oral Deportiva”, en una charla sostenida en el Hotel Regency de Jacksonville, donde el equipo ecuatoriano se alojó en Uruguay para hacer la pretemporada.

Sin que el técnico lo dijera textualmente, hace casi cuatro años la situación del club -pese a contar con un apoyo popular estimado en 10.000.00 de hinchas, más del 50% de los 17.000.000 de habitantes que tiene Ecuador- guardaba ciertos puntos de contacto con la realidad económica que viven hoy la mayoría de las instituciones del fútbol uruguayo: “Era una situación caótica, muy complicada, por lo que tuvimos que planificar y empezar todo desde cero. Había atrasos de tres y cuatro meses en los sueldos, paros de jugadores y funcionarios, a veces faltaba luz y agua en el estadio, no teníamos canchas de entrenamiento, ni salas de musculación ni GPS, porque la infraestructura casi no existía, y como consecuencia de todo eso, el plantel era muy reducido y sin jugadores de jerarquía, al extremo de que Barcelona no tenía ninguno en la selección ecuatoriana”.

Cualquier parecido con la situación de buena parte del fútbol uruguayo de entrecasa, donde ni los clubes más equilibrados en el aspecto económico tienen la capacidad financiera para armar equipos competitivos en el plano internacional como en el pasado ya lejano, no es producto de la ficción, según suele aclararse a veces en las producciones cinematográficas; por lo que aquel punto de partida del Barcelona con Almada como técnico fue durísimo: “Me acuerdo que cuando fuiste con la selección a Guayaquil para el partido de las Eliminatorias, como cuando yo estaba en River hiciste una nota y me pusiste ‘el Pep uruguayo’, los periodistas de allá te hacían entrevistas, ¡y alguno hasta te preguntó si yo había dirigido una vez en algún cuadro! Es que hay gente que no tiene demasiado conocimiento de la parte esencialmente futbolística, pero pasa igual en todos lados; además, allá van muchos extranjeros al fútbol ecuatoriano, y como no todos son buenos, eso a ellos los hace dudar. En la situación que estaba Barcelona en aquel momento, era impensado que nos podría ir bien; por suerte, todo aquello lo hemos cambiado”.

Sí, pero como gran parte de la verdad del fútbol está en los resultados, esa transformación institucional de Barcelona -impulsado por una nueva dirigencia, que asumió seis meses después de la llegada de Almada- se fue edificando sobre los cimientos levantados por el equipo adentro de la cancha: “En 2016 salimos campeones, en 2017 hicimos una gran Libertadores, donde Gremio, que después fue el campeón, nos eliminó en semifinales, y hoy el club cuenta con un plantel jerarquizado, con varios jugadores en la selección, y tiene un padrón de juego muy distinto al que teníamos cuando empezamos”.

En ese sentido, la matriz es conocida, aunque ahora Almada precisó que “con el tiempo, uno va creciendo y generando variantes”; porque a los 49 años, el técnico que lleva diez y en sólo tres clubes, que son Tacuarembó F.C., River Plate y Barcelona, se ha caracterizado por impulsar un estilo de juego que llevó al periodista a llamarlo “el Pep (por Guardiola) uruguayo”: “La idea, en esencia, es siempre la misma; un equipo que sea protagonista, que tenga la pelota, que busque el arco de enfrente sin desnudarse en el fondo…en ese aspecto siempre digo lo mismo: nos puntualizan un poco porque somos muy ofensivos, y nosotros en la semana trabajamos el mismo tiempo en defensa como en ataque. No es que prioricemos una cosa y la otra no: buscamos combinaciones ofensivas y también defensivas, con el mismo trabajo diario”.

Sin embargo, no todas fueron -ni son- rosas para el Barcelona, y es ahí donde su realidad sigue manteniendo algún vínculo con la de los clubes uruguayos: “Hoy tenemos un plantel jerarquizado, con muchos jugadores del club, y nos hemos capitalizado por varios otros que transferimos como consecuencia de lo anterior, pero por lo mucho que sigue pesando la desastrosa situación económica que había a mi llegada, algo imposible de corregir en el corto plazo, tenemos una pelea desmedida con los demás clubes grandes de Ecuador que no tienen deudas y pueden reforzarse de otra manera, trayendo futbolistas de mayor categoría; hay que seguir bajando costos, por esa razón hacemos como el caso reciente de Robert Herrera (zaguero uruguayo), que nos prestó el Pachuca, incluso pagando parte de su salario: junto con los directivos, utilizamos el ingenio para conseguir jugadores importantes”.

Ese, en definitiva, es quizá el mayor punto de referencia, acaso, entre la realidad de los clubes uruguayos, no sólo de Defensor Sporting, su rival más cercano en la Copa Libertadores, y la del Barcelona de Guillermo Almada: cómo buscar cierto nivel de poderío futbolístico, mientras se siguen bajando costos y saldando deudas atrasadas; pero…punto, ahí es donde el espejo al cual mirarse se hace pedazos: “En Ecuador, en general, hay una realidad económica completamente distinta a la del fútbol uruguayo; en algún momento encontrás instituciones de allá que también tienen dificultades, pero tienen otra realidad económica en el entorno para hacer sus presupuestos. Aquel es un mercado mucho más fuerte en el que, por ejemplo, los sponsors se pelean para estar en la camiseta del Barcelona; sólo los sponsors, fíjate bien, le aportan al club entre 18.000.000 y 20.000.000 de dólares al año. Además, la economía del país pasa por un muy buen momento, está dolarizada; y encima, por si fuera poco, hay un nuevo convenio con la televisión (GolTV) que es muy ventajoso para los clubes, que por ese lado tienen ingresos que no tenían antes”.

En el caso de Barcelona, a su vez, ese indicador se ve potenciado por el volumen de su hinchada, lo que Almada reflejó a través de un dato impactante: “Tanto el ex presidente de Ecuador, Rafael Correa, como Lenin Moreno, que es el actual, han dicho cada uno en su momento que cuando Barcelona gana, la economía del país se mueve diferente”; y ese peso enorme de un club dentro de un país, es lo que en parte ha hecho que el técnico no haya aceptado las ofertas que tuvo en los últimos años para venir a dirigir a los dos grandes del fútbol uruguayo.

“Fueron varias las oportunidades en las que me hablaron, incluso cuando estaba acá en River. Ahora, el último fue (José) Decurnex, antes Barrera, dos o tres veces Damiani…y en mi contrato con Barcelona tengo cláusula de salida, pero siempre digo lo mismo: es muy lindo sentirse querido, valorado, y comprometido con un club que te está tratando muy bien y haciéndote sentir importante; más allá de lo que significa para un entrenador uruguayo dirigir a Nacional o Peñarol, está el compromiso con la gente que apoya el proyecto que nos hemos trazado. Eso, al menos en mi caso, me hace respetar más la palabra, que los papeles que están firmados”.

Obvio, de por medio, salvo cuando Almada estuvo en River Plate y no se tentó con ofrecimientos para ese momento importantes, se abre una ancha brecha entre dos mercados futbolísticos, que es la que se vuelve un punto de referencia para los clubes uruguayos: Barcelona tiene sponsors por 18.000.000 y hasta 20.000.000 de dólares al año; y, según supo “La Oral Deportiva” en las últimas horas, a modo de ejemplo, Peñarol y Nacional apenas si pasan el millón de dólares anuales, mientras que Defensor Sporting no llega a 100.000 en el mismo lapso.

En otras palabras, hay una diferencia de mercado, que respecto otros como los de Brasil y Argentina se vuelve inconmensurable, que hace imposible pensar que cualquier gestión directriz en un club de nuestro país -por mejor que sea- puede armar equipos para competir en el plano internacional con las mismas posibilidades de antes. Tal vez, ni siquiera convenciendo al “Pep uruguayo”, como hasta ahora no lo hizo nadie.

Almada, por su lado, trabaja y a la vez sabe aguardar, igual que lo ha hecho en los últimos diez años, adentro y afuera de la cancha; ya sea en su casa de Samborondón, una de las zonas más exclusivas y residenciales de Guayaquil, o en la que hace un año ocupa cuando vuelve al Uruguay, y que está en el barrio privado “Colinas de Carrasco”: “Acá tengo a Yanina, mi hija mayor, de 24 años, que vive con la madre y estamos siempre en contacto, se recibió en Relaciones Internacionales y está trabajando; y allá estoy con Analía, mi esposa actual, y mis dos hijos menores: Gabriel Guillermo, de diez meses, y Guillermina, de dos años. Ya hace veinte que estoy con mi señora, que es médica; y como ella quería ejercer la profesión por el aspecto vocacional, más allá de que incluso allá (Ecuador) ha sido su trabajo, no esperamos demás (para tener hijos), pero…sí, esperamos bastante”.

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